Los niños pequeños empiezan a chuparse la mano y descubren que tienen en la boca. De esta forma comienzan a reconocer su cuerpo. Estos descubrimientos representan juegos para ellos. Una de las características principales del juego es precisamente permitir la diversión, el disfrutar el goce y el placer. A partir de que el bebé reconoce que tiene manos, puede comenzar a interactuar con objetos externos.
Jugar es cualquier producción que el pequeño haga: dibujar, pintar, recortar, amasar con plastilina, juegos de mesa, con muñecos. Todas estas acciones están hablando del jugar como producción.
Es muy importante que los papas y mamas puedan recuperar este espacio de jugar, ya que esto acerca a los padres y a los hijos, además abre vías de comunicación. A través del juego los niños no pueden decir cosas que les están pasando.
El juego les permite desarrollar la confianza en sí mismos y en el otro. Cuando el pequeño juega no hay que invadirlo, no hay que interferir, hay que darle tiempo. También es importante no obligarlo a que juegue si no tiene ganas.
Muchas veces los niños parecen desordenados, dejando los juguetes tirados por todas partes de la casa. Pero a veces no se trata de desorden, sino que esto es también parte del juego. Y si un adulto le reclama, está interfiriendo. Cuando el niño termina de jugar se le puede enseñar que las cosas tienen un lugar y que hay que guardarlas. Pero mientras tanto hay que darle la posibilidad de manifestarse, palpando, tocando actuando y jugando a su manera en este mundo.
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